Tras cerrar su extensa gira mundial, el artista puertorriqueño protagoniza una faceta mucho más íntima junto a su perrita de cuatro años, estrella de una nueva sesión de Dogue.
Después de ocho meses de conciertos alrededor del mundo, Bad Bunny encontró una manera bastante distinta de comenzar sus vacaciones. A pocos días de finalizar en Bruselas su gira Debí Tirar Más Fotos World Tour, el cantante regresó a Puerto Rico y cambió los grandes escenarios por una mesa para dos: una cena italiana junto a Sansa Martínez Berlingeri, su beagle de cuatro años.

La escena forma parte de la nueva entrega de Dogue, en la que Benito Antonio Martínez Ocasio comparte protagonismo con una de sus compañías más cercanas fuera de los reflectores. Sansa llegó a su vida cuando apenas tenía tres meses y recibió su nombre por Sansa Stark, el personaje de Game of Thrones. Para el artista, la conexión estaba en su carácter: cariñosa y juguetona, pero también con suficiente personalidad para dejar claro lo que quiere.
Para la sesión, un restaurante fue transformado en un sencillo bistró italiano, donde ambos posaron frente a la cámara entre platos de espagueti, premios y uno de los objetos favoritos de Sansa: una pelota cubierta con un calcetín amarillo. El resultado juega con la imagen de una cita clásica de cine, aunque con una dinámica mucho más cotidiana entre el cantante y su mascota.

Sansa, sin embargo, no es completamente nueva frente a las cámaras. La beagle ya había aparecido en el videoclip de “Ojitos Lindos”, publicado en 2023. Fuera de esas apariciones, mantiene una vida considerablemente más tranquila en Puerto Rico, lejos del ritmo público que acompaña a su dueño.
La relación entre ambos también revela una versión doméstica de Bad Bunny que rara vez ocupa el centro de una producción editorial. El músico describe una rutina marcada por mañanas de besos, comida, juegos, siestas y largas sesiones de televisión juntos. Aunque se considera un dueño estricto, también reconoce que buena parte de su vínculo con Sansa está construido alrededor del afecto y de esos pequeños rituales cotidianos.
Y como toda estrella con suficiente personalidad, Sansa tiene sus propias particularidades. Su comida favorita son las bananas, siente fascinación por los calcetines, tiene la costumbre de vaciar los basureros y necesita que la carguen hasta su cama como a un bebé. Incluso ha acompañado a Bad Bunny al cine para ver Batman.
Después de meses de estadios, viajes y conciertos, la aparición ofrece una imagen inesperadamente sencilla del artista: lejos del espectáculo y sentado frente a un plato de pasta con una beagle que, por unos minutos, consigue robarle el protagonismo.

