De Pa’i Ñu, Ñemby, a Estados Unidos. Con una hija de apenas 7 años que no podía caminar y había sido diagnosticada con hidrocefalia, Shaddy Acosta tomó hace cuatro años una decisión extrema: dejar Paraguay y emprender un difícil viaje por la frontera buscando la atención médica que, según cuenta, su pequeña necesitaba con urgencia.

Hoy tiene 33 años, es madre de dos niñas y trabaja en la construcción. Pero detrás de las fotografías de una mujer sonriente y luchadora existe una historia marcada por el miedo, la enfermedad, el desarraigo y una decisión que, asegura, terminó cambiando el destino de su hija.
“Yo solamente veía en las películas que la gente cruzaba por la frontera. Nunca en mi vida imaginé venir de esa manera y mucho menos con una niña de 7 años que no caminaba”, relata Shaddy.

La paraguaya asegura que tomó la decisión por motivos económicos y por las dificultades que encontraba para acceder al tratamiento que requería su hija.
“Una madre hace cualquier cosa por sus hijos. Esa es, sin duda, la mejor lección de vida”, expresa.
LLEGÓ A EE.UU. Y RECIBIÓ UNA NOTICIA QUE NO ESPERABA
Una vez en Estados Unidos, Shaddy consiguió una consulta con una neurocirujana. Según su testimonio, la situación era delicada y su hija fue intervenida esa misma semana.

Fue entonces cuando, asegura, los médicos detectaron además un tumor que estaba obstruyendo el drenaje del líquido acumulado en la cabeza de la pequeña.
Shaddy sostiene que, pese a los numerosos estudios que había realizado anteriormente en Paraguay, nunca le habían informado sobre la existencia de ese tumor.
“La doctora me dijo que tenía demasiada agua en la cabeza y que le salvé la vida a mi hija trayéndola a operar, porque su cerebro estaba a punto de colapsar de tanta agua que tenía y no podía drenar”, recuerda.
Se trata del relato de una madre sobre uno de los momentos más difíciles de su vida y sobre el diagnóstico que recibió al llegar a Estados Unidos.
DE NO PODER CAMINAR A VOLVER A DAR PASOS
Cuatro años después, Shaddy asegura que la evolución de su hija ha sido enorme.
La pequeña continúa realizando terapias, pero actualmente camina con ayuda, asiste a una escuela regular, cursa el quinto grado y habla español e inglés.
“Es una niña demasiado inteligente”, expresa orgullosa.
Cada pequeño avance representa para Shaddy una confirmación de por qué decidió dejar atrás su país, su familia y todo lo conocido para comenzar nuevamente desde cero.

DE MADRE DESESPERADA A TRABAJADORA DE LA CONSTRUCCIÓN
La vida en Estados Unidos tampoco llegó con facilidades. Shaddy tuvo que trabajar y aprender a desenvolverse en un ambiente completamente diferente mientras cuidaba a sus dos hijas.
Actualmente se dedica al sector de la construcción, realizando trabajos de taping, terminaciones de placas de yeso y pintura.
Las imágenes muestran otra cara de su historia: casco, herramientas, ropa cubierta de pintura y largas jornadas laborales.
“Cuesta mucho con dos criaturas en un país lejos de todo, sin ayuda y sin familia. Pero aquí estamos tratando de tener una mejor calidad de vida en salud y estudios”, cuenta.
“AMO MI PARAGUAY, HAY DÍAS QUE QUIERO DEJAR TODO Y VOLVER”
La distancia también pesa. Shaddy no oculta la nostalgia por Paraguay y reconoce que existen momentos en los que piensa en regresar.
“Amo mi Paraguay. Hay días que quiero dejar todo y volver, pero sé que mi hija necesita mucha ayuda con sus terapias. Acá ella tiene todo gratis; en Paraguay todo es costoso y cuesta mucho la salud”, afirma desde su experiencia personal.
Su prioridad, asegura, continúa siendo la misma que la llevó a atravesar miles de kilómetros: sus hijas.
REDADAS Y MIEDO: LA OTRA REALIDAD QUE ENFRENTAN LOS MIGRANTES
Pero mientras intenta construir una nueva vida, Shaddy también describe meses de incertidumbre para parte de la comunidad inmigrante en Estados Unidos.
“Estos últimos meses estuvo muy dura la situación contra los inmigrantes. Hubo muchos arrestos y estaba todo mucho más tenso. Ahora se calmó un poco”, relata.
Según su experiencia, el estado donde reside brinda mayor protección a los inmigrantes que otros lugares, aunque asegura que también se realizaron operativos.
“Acá protegen más que en otros estados, pero igual estaban haciendo muchas redadas. Por lo que veíamos, buscaban más bien a personas que tenían deportaciones o antecedentes delictivos”, señala.
El temor generado por los operativos migratorios se suma así a los desafíos cotidianos de quienes dejaron sus países y construyeron una nueva vida lejos de sus familias.
UNA HISTORIA QUE COMENZÓ CON MIEDO Y HOY SE ESCRIBE CON ESPERANZA
Shaddy salió de Ñemby llevando consigo el enorme desafío de conseguir tratamiento para una hija que no podía caminar.
Cuatro años después, trabaja en la construcción para mantener a sus dos niñas mientras acompaña las terapias y los avances de aquella pequeña por la que decidió cambiar completamente su vida.
No olvida Paraguay. No niega las dificultades de vivir como inmigrante. Tampoco romantiza el camino que tuvo que atravesar.
Pero cuando mira a su hija caminar con ayuda, asistir a la escuela y desenvolverse en dos idiomas, encuentra una razón para continuar.
De Pa’i Ñu a Estados Unidos, detrás de esta paraguaya hay una historia de maternidad, migración, trabajo y supervivencia.
Y Shaddy la resume en una sola frase:
“Una madre hace cualquier cosa por sus hijos”.
Los datos sobre el diagnóstico, tratamiento médico, viaje y situación migratoria corresponden al testimonio brindado por Shaddy Acosta a VENPY.

